Evitar navegación.
Principal

EL SÁBADO EN EL NUEVO TESTAMENTO

EL SÁBADO EN EL NUEVO TESTAMENTO

Los adventistas citan a Mateo 5:17-18, que dice: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: No he venido para abrogar, sino a cumplir. Porque de cierto de cierto os digo que... ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas". El lector no debe pasar por alto la fuerza que recae sobre la palabra "hasta".
En primer lugar, determinemos el alcance de estas palabras. ¿Qué comprende la expresión "la ley y los profetas". Dice el gran comentarista J. A. Broauds, lo siguiente: Esta frase se empleaba para denotar toda la escritura del Antiguo Testamento, siento "la ley" los cinco libros de Moisés, y los profetas el resto". (Véanse los siguientes pasajes: Mateo 7:12; 11:13; 22:40 y Lucas 16:16)2.

Dice el comentador Bonnet: "La ley y los profetas, es toda la economía mosaica y todas las revelaciones de la antigua alianza, sean como instituciones, sean como escritura sagrada".
Verdaderamente este es el alcance de "la ley y los profetas" y nadie debe creer otra cosa si quiere estar en la verdad, y es muy importante que le hagamos ver a los adventistas que este es el verdadero sentido de lo que Jesús dijo.
Cristo afirma que él no vino para abrogar la ley o los profetas, sino para cumplir. "La mayoría de los expositores entienden que la palabra denota cumplir, en el sentido de hacer lo que la ley exigía". La idea del texto es que Cristo no vino para poner la ley y los profetas, a un lado, sino para someterse a lo que estaba escrito en "la ley y los profetas", durante su vida terrenal y cumplir "la ley y los profetas" con su muerte vicaria en la cruz. Yo no podía cumplir la ley, y nadie la ha cumplido jamás, y la ley pide la muerte del trasgresor; entonces, "Dios enviando a su Hijo, en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó el pecado (¿de quien? De toda la humanidad) en la carne" (¿de quién? De su Hijo). "Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros" (Romanos 8:3-4).
Así que Cristo cumplió la ley por todos y al cumplirla la ha abolido para el creyente. El sabio comentador español, Juan Valdés, en su comentario sobre Mateo, dice, hablando de este pasaje:
"Decir que con estas palabras pretendió Cristo dar autoridad a la ley mas que por el tiempo que él vivía, no se sufre, porque vemos la experiencia en contrario, pues es así que con la venida del Espíritu Santo cesaron la ley y los profetas, sucediendo en su lugar el Espíritu Santo, el cual hace interiormente en el pueblo de Dios, lo que hacían exteriormente la ley y los profetas". "De manera que la ley fue cumplida por Cristo y fue cumplida en Cristo, y después cesó y fue abolida, habiendo llegado al fin para el cual fue dada".
La grandiosa escena del Monte de la Transfiguración, nos habla de esto mismo. Allí vemos a Moisés, el representante de la "ley" y Elías, el mayor de los profetas. Ambos señalan a Cristo como el objeto y el fin de la ley y los profetas. Después se oye la voz de Dios que desde los cielos dice a los hombres que allí terminó Moisés y allí también terminaron los profetas, en cuanto señalaban a Cristo. Desde luego, no quiere decir que todas las profecías se cumplieron ya en Cristo. Sino que en lo sucesivo los hombres debían oír a Cristo y sólo a él, pues ya no vieron "sino solo a Jesús".
¿Qué otra cosa quiso decir Cristo con estas palabras: "La ley y los profetas hasta Juan"? (Lucas 16:16). El gran Atanasio, comentando este versículo, dijo: "Hasta Juan la ley. Desde Juan el evangelio". No pasemos por alto el hecho verdadero de que las palabras de Jesús: "No he venido para abrogar la ley o los profetas", se refieren a todo el Antiguo Testamento3, y si después de su muerte en la cruz, la ley y los profetas continuaron en vigor, lo que equivale a toda la economía judaica, entonces el texto prueba demasiado a favor de los adventistas, porque, como dice Juan C. Barreto: "Si este texto quisiera decir que el decálogo no ha sido abolido, querría decir también que han sido abolidos los ritos, sacrificios, ofrendas, fiestas, circuncisión, etc., que forman parte de la ley y los profetas", y en tal caso, el texto condenaría igualmente a los adventistas, porque no practican todas las cosas que están escritas en la ley y en los profetas.
Otro pasaje muy citado por los adventistas es, Mateo 19:16-22. Las palabras de Jesús al joven rico: "Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos", son repetidas en todas partes por los sabatistas. Tuve una entrevista con una señora hace algún tiempo, en el curso de la cual me confesó que estaba haciendo esfuerzos inauditos por cumplir estas palabras del Señor, pero que aun no había podido llegar a cumplir todos los mandamientos. La pobre señora tenía la impresión de que si no los guardaba, las puertas del cielo nunca se abrirían para ella. Me dio tanta lastima, que desde aquel día he empezado estos estudios.
Para explicar este pasaje tenemos que tener en cuenta que el cambio de la ley a la gracia se realizó a partir de la crucifixión de Cristo, y no antes. La ley aun no había sido cumplida. Además, téngase muy en cuenta que el joven era judío, había nacido bajo la ley y como judío estaba obligado a la ley. Por otra parte, Jesús no hizo sino hacer uso de la ley para (con la finalidad única de la ley) convencer al joven de sus pecados. Por eso le dijo: "¿Quieres salvarte?, Guarda los mandamientos". El joven dijo que los mandamientos siempre los había guardado. Cristo le aplicó "agua fuerte" para enfrentarle a la verdad. Le dijo: "Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y sígueme". Pero esto el joven no lo quiso hacer. Evidentemente no cumplía el primer mandamiento, ya que amaba más a sus riquezas que a Dios, y como Cristo lo sabía, le dijo que lo que tenía que hacer era despojarse del dios "mamón", para que el Verdadero Dios tuviese el primer lugar.
Si el joven hubiese guardado siempre la ley, como él decía, hubiera sido un santo, pero como Cristo le demostró enfrentándolo con su particular situación, que no la había guardado, le aconsejó, que el único camino era desligarse del dios de las riquezas y seguir a Cristo.
Otro pasaje que citan mucho los adventistas es Mateo 24:20: "La huida en sábado". El argumento adventista es el siguiente: Cristo sabía que Jerusalén iba a ser destruida en el año 70 y, sin embargo, les dijo: "Orad que vuestra huida no sea en sábado". Para un judío, la huida en sábado sería violar la ley del sábado, según Éxodo 16:29 y 20:10.
En relación con esto, vamos a hacer una declaración que quizás sorprenda a algunos. Los judíos que se convirtieron al cristianismo, siguieron guardando la ley de Moisés hasta la destrucción del Templo de Jerusalén. ¿Por qué es que un judío aun hoy cuando se convierte al cristianismo y sin embargo, tiene hijos después de convertido y los circuncida? Yo conozco algunos casos. Sin embargo, él lo hacía porque quería, reconociendo que la circuncisión nada es, pero quería que sus hijos estuviesen circuncidados, aunque él para nada guarda la ley. ¿Por qué los judíos siguieron guardando la ley? Sería por sentimentalismo de raza ú otro motivo baladí. El lector puede ver indicaciones de estos que digo en Hechos 18:21, 20:16 y 21:20. Pablo llega a Jerusalén y Jacobo y todos los ancianos se juntaron para oír a Pablo, y después que lo hubieron escuchado dicen: Ya ves, hermano, cuantos millares de judíos hay que han creído (¿en quien? En Cristo y en el evangelio) y todos son celadores de la ley". Pero más adelante, en el verso 25, dicen: "Empero cuantos a los que de los judíos han creído, nosotros hemos escrito haberse acordado que no guarden nada de esto". Estas palabras en cuanto a los gentiles demuestran que los judíos sabían que la ley nada tenía que ver con la salvación de los gentiles, ni de los judíos tampoco y que ellos guardaban la ley por un respeto nacional, posiblemente4. Pero la historia nos dice que cuando vieron destruido el Templo, abandonaron la ley de manera total y definitiva.
También los adventistas citan a Lucas 23:56, que dice: "Reposaron el sábado". Como ya he dicho, mientras que Cristo no resucitó, todos los judíos observaban el sábado como día de descanso, por lo que esta cita no prueba nada. También citan varios versículos de Hechos, en los que dicen que Pablo se reunía en sábado en las sinagogas. Eso no quiere decir nada, ni es argumento a favor de que Pablo guardase el sábado. Pablo iba a las sinagogas en sábado, porque era cuando estaban abiertas, y los judíos se reunían allí. Pero Pablo explica esto en 1ª Corintios 9:20-21, donde dice porque observaba esa actitud. ¿Pero mandó él guardarlo? Al contrario, lo combatió duramente.
Dicen los adventistas: "Jesús guardó el sábado". Bueno, ¿y qué? Jesús guardó el sábado porque vino a cumplir una ley de la que el sábado era parte. Pero si el hecho de que Jesús guardara el sábado es argumento para que nosotros también lo guardemos, en tal caso el argumento será igualmente valido para todo lo que Jesús guardó. Y el Señor se circuncidó, observó las fiestas y todas las costumbres del judaísmo, porque vino para hacerse súbdito a la ley para cumplirla por nosotros y así redimirnos de la ley. Pero otra vez el argumento se vuelve contra los adventistas.
Además, de todos los ritos de la ley, ninguno le causó a Cristo tantos problemas como el sábado. Parece que ya Cristo estaba preparando el camino para que el pueblo se fuese acostumbrando a que aquello iba a terminar muy pronto. El lector puede ver la poca importancia que Jesús le dio al sábado, leyendo Juan 5:8-11 y Mateo 12:3-12, aunque de todas las maneras reconocemos que Jesús guardó toda la ley.
Otro estribillo adventista es: "Jesús guardó el sábado y no dijo que lo abrogaría". Jesús también guardó la Pascua, ¿y cuando dijo que la iba a abrogar? Si el sábado fuese cuestión de vida ó muerte, como lo han hecho los sabatistas, ¿cómo se le pasó por alto en el concilio de Jerusalén? ¿Cómo no se lo mandaron guardar a los gentiles?.
Si el sábado tuviese alguna importancia, ¿cómo se habría atrevido Pablo a insinuar que todos los días eran iguales y que en todo caso era solo un problema de conciencia personal, sin que el cristiano tuviese que guardar un día por obligación y mandato de Dios? (Romanos 14:5-6). "Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga todos los días iguales". Y ahora el consejo de Pablo es: "Cada uno este seguro en su ánimo". Aquí tuvo Pablo la gran oportunidad para decir: "Uno hace diferencia entre día y día, otro juzga iguales todos los días", pero yo os digo que el día que hay que observar es el sábado. ¿Por qué Pablo no dijo esto? Sencillamente porque no hay obligación ninguna de guardar el sábado. ¿Cómo es que la única vez que se menciona el sábado en las epístolas es justamente para decirnos que nada tenemos que ver con el?
En Colosenses 2:16, dice: Nadie os juzgue en comida o bebida, o en parte de día de fiesta, o de sábados". Esto no solo es el golpe de muerte del sábado y los sábados, sino que dice que nadie tiene que juzgarnos si queremos y podemos comer carne de puerco. Los judíos tenían que guardar cada siete días uno. Cada siete semanas guardaban el día 50 y tenían fiesta, Pentecostés. Cada siete meses, el séptimo mes, era algo especial en Israel. El día primero empezaba la fiesta de las trompetas. El día diez, la fiesta más grande, la expiación. El día 15, las cabañas, etc. Cada siete años, había el año sabático. Cada siete veces siete años, tenían el año del jubileo. Puede decirse que toda la vida nacional del pueblo israelita estaba ligada al numero siete.
Pues bien, los adventistas pretenden que el versículo de Colosenses 2:16 se refiere a todos los sábados, excepto al primero, al sábado semanal. Pero no tienen absolutamente derecho honrado para interpretarlo así, como podemos comprobar al recurrir a autoridades en la exégesis.
Dice el gran teólogo B. H. Carroll, acerca de este versículo, lo que sigue: "Desde el día de los cristianos primitivos hasta el tiempo de Juan Bunyan, este pasaje ha sido citado como prueba conclusiva de que el séptimo día como día de descanso ha sido abrogado. Es citado con frecuencia por los Padres. Ningún hombre ha podido jamás formular un argumento que quebrante la fuerza de esta escritura. Ninguna explicación la debilita. Ninguna objeción contra ella, por muy plausible que sea, puede soportar un examen riguroso. Primero, se alega por algunos que la palabra "sabbatton", que es la que está en el original de Colosenses 2:16, es plural y por esto no puede aplicarse al día séptimo. No hay fuerza ninguna en esta objeción. Los léxicos y las versiones usan tanto el singular como el plural para designar el séptimo día. Esta misma forma plural se usa en el griego de Éxodo 20:8-10: "Acordarte has del día de reposo para santificarlo". Pablo usa exactamente aquí la misma palabra que en el griego5 para referirse a este mandamiento. Numerosos ejemplos podrían citarse en ambos Testamentos si fuese necesario. Esta forma "sabbaton", exacta esta en el griego de Números 15:32, pero también en Lucas 4:16, Hechos 13:14, donde se exige imperiosamente el número singular y el día séptimo. Por esto la Versión Revisada muy propiamente traduce la palabra en este versículo, por "sábado" en singular" (Hasta aquí en el segundo tomo de sus sermones, Pág. 370).
El lector puede consultar la Versión Moderna en donde está la forma singular "sábado". Citamos a continuación lo que otro sabio comentador de la Biblia, el D. E. Lund, conocido redactor por muchos años de la Revista Homilética, dice sobre Colosenses 2:16: "Todo un apóstol, inspirado por Dios, avisa a los cristianos colosenses contra la celebración del sábado judaico. Es precio que nos acordemos aquí que el sábado judaico o día de reposo descrito en el Antiguo Testamento e impuesto a los judíos, era institución nacional, local y temporal, sin aplicación posible a otras naciones, a otras localidades y a otros tiempos; tan nacional, local y temporal que los mismos judíos son incapaces de cumplir sus preceptos en estos tiempos de la dispersión. No obstante, los judaizantes hoy, como antaño, hacen esfuerzos inauditos para imponer este día, haciéndolo obligatorio a los cristianos, so pena de perdición. Inútil empeño, porque ellos mismos no guardan bíblicamente el sábado judaico, ni pueden hacerlo aunque se volviesen judíos de todo. El sábado judaico era un día de sacrificios, de derramamiento desangre; un día de sombra, de tipo del porvenir".6
El comentador C. W. Branch, acerca del mismo pasaje, dice: "El día de reposo para el cristiano es un privilegio y no una obligación legal. Este pasaje da el golpe de muerte a los sabatistas de hoy".
Branch añade aquí: "Pablo enseña que la ley era una cosa temporal. Cuando esta cumplió su misión, desapareció".
En resumen, la ley fue dada a los judíos y nunca a los gentiles, y la ley de Moisés es una única ley que abarca muchas distintas materias que Jesús cumplió y al cumplirla quedó abrogada, abolida, y ahora estamos muertos a la ley, porque la ley fue nuestro ayo para llevarnos a Cristo, mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo; digo, que si esto es verdad, como yo lo creo y si el lector lo comprende así y defiende con energía y con sabiduría estos puntos, entonces el adventismo está completamente vencido, derrotado en toda su línea.
Y si ellos citan textos aislados donde hablan de la ley, hágale ver que si la ley nos ligara a nosotros al decálogo, el mismo texto liga al adventista a las otras partes de la ley que no cumple7.

(1) No podemos olvidar que esta afirmación lo único que hace es reafirmar la "visión" de la Sra. White. Y que todos sus argumentos tienen como objetivo presentar a aquélla como una verdadera profetisa, defendiendo sus "visiones". Cuando en el siglo pasado, el dogma católico de la Inmaculada Concepción levantaba gran controversia y oposición en medio de los más relevantes teólogos romanistas, una visión sobrenatural, la de Lourdes, en 1858, cuatro años después de establecido el dogma, zanjó la cuestión: Bernardette le preguntó a la Virgen su nombre, y ésta le dijo: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Por lo tanto, si la Virgen lo dijo, quiénes son los teólogos que pueden contradecirla, y el asunto quedó zanjado. Lo dijo la Virgen, y se acabó la cuestión.
El movimiento adventista cuando después del gran "chasco", o del gran fraude, de que Jesús no vino en las fechas con las que los especuladores no autorizados engañaron a las multitudes ignorantes e histéricas, unos pocos líderes de segunda fila intentaron hacer carrera, pues la tenían muy complicada en las denominaciones tradicionales, formando un grupo propio, para lo cual intentaron retener a todos los que pudieron. Pero, ¿cómo aquellos desencantados, abatidos y ahora burlados, pudieron seguirles, incluso sin los líderes naturales del movimiento? Pues empleando un argumento que abriera la puerta a recuperar su alicaída autoestima, haciéndoles creer que no se habían dejado engañar por hombres, sino que en todo el asunto únicamente se habían cometido unos insignificantes errores de cálculo, lo cual era normal dada la complejidad de la cuestión. El santuario no era la tierra, sino un compartimiento celestial; y habían acertado en lo fundamental: la interpretación de las profecías, pues Jesús, en la fecha especulada, había ido al santuario, pero no le habían podido ver, porque lo buscaban en el lugar equivocado.
Pero para contrarrestar las críticas de los oponentes, se necesitaba una sanción sobrenatural que dejase la cuestión cerrada. El creador de la idea del Santuario celestial, Croisier, la abandonó poco tiempo después, pero no importa, porque vino "la revelación necesaria a la profetisa", quien afirmó: "... El Señor me mostró en visión hace más de un año que el hermano Croisier tenía la verdadera luz acerca de la purificación del santuario". Por lo tanto, si lo dijo el Señor, aunque el mismo Croisier lo negase ahora, su versión posterior quedaría descalificada por el mismo Dios. Lo único que se necesitaba en este caso, como en el de Lourdes, era sostener a viento y marea la autenticidad de la visión y la confiabilidad de la testigo. Aquí radica que sea una cuestión tan vital para la Iglesia Adventista del Séptimo Día sostener "el espíritu de profecía" contra viento, marea, fraude, falsificación literaria, etc. Si se cae la Sra. White, se cae la teología del santuario, de la ley, del sábado...
(2) El Pentateuco es la "Torah", los profetas el "Nevi'im", los demás escritos canónicos del A. Testamento - llamados genéricamente también salmos, porque en esa sección están incluídos - son los "ketuvim".
(3) Toda la revelación de Dios al hombre, anterior a Cristo, como lo expresa Hebreos 1:1-2 "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo..."
(4) El motivo principal era un consejo apostólico que también Pablo practicaba, que consistía en guardar un respeto a los requerimientos "rituales" visibles de la ley cuando se encontraban en Judea o en medio de las congregaciones formadas por judíos, para tener acceso a ellos y predicarles el evangelio, porque si despreciasen públicamente aquellas tradiciones y ritos considerados santos por los judíos, serían inmediatamente expulsados, apedreados, y entonces no podrían tener el acceso amistoso necesario para predicarles el evangelio.
Este acuerdo tácito apostólico que se deduce de los relatos de los Hechos de los apóstoles, así como de las epístolas, llegó a un punto de confusión, que es el denunciado por Pablo en la epístola de los Gálatas. Fue la siguiente situación, la iglesia de Antioquia era una iglesia mayoritariamente gentil, y donde la situación era así, ninguno de los ritos, ni tampoco asuntos sobre alimentos, días de fiesta, etc. se practicaban. Esa había sido la enseñanza y la conclusión de la reunión de Jerusalén.
Pero Pedro, Bernabé, y otros judíos cristianos que se conducían con plena libertad en Antioquia, cuando llegaron unos judíos de Jerusalén, que también eran ya cristianos, pues venían de parte de Jacobo, y que también conocían la realidad de la gracia, se pusieron a guardar la ley con ellos, confundiendo a los gentiles, y formando casi un grupito aparte de judíos por un lado y gentiles por otro. Esta actitud entre creyentes era totalmente contraria al espíritu y a la esencia misma del evangelio, porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la fe. Y porque ahora ya no hay judío ni griego, pues todos somos uno en Cristo.
Así pues, una instrucción transitoria de "conveniencia" con esta actitud, parecía en la práctica una doctrina sólida que daba la razón a los legalistas cuando éstos habían sido derrotados en toda la línea en Jerusalén, y por el riesgo de que los débiles viesen en este comportamiento social una validez al pacto mosaico, es lo que motiva a Pablo para intervenir con tal decisión y contundencia.
¿Por qué los judíos cristianos debían mostrar "respeto" (no observancia) a la ley cuando se encontraban con otros judíos no cristianos? Pues Pablo lo explica muy fácil escribiendo a los Corintios en 1 Cor. 9:20-23: Me he hecho a los judíos como judío; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la Ley, para ganar a los que están (verdaderamente) sujetos a la Ley. Hacerse judío a los judíos pretendía evitar una ruptura en la relación, habiendo una necesidad primaria que también el apóstol de los gentiles tenía perfectamente clara con respecto al evangelio, como potencia para salvación, en primer lugar para los judíos, y luego para los gentiles (Romanos 1:16). Si renegasen abierta y visiblemente de la ley de Moisés, pese a que ellos la entendían y predicaban como perfectamente inútil para su salvación, quedarían expuestos a las iras de sus vecinos, tan celosos ellos de las tradiciones, que harían lo posible por aplicarles los anatemas de la ley, es decir, que los apedrearían y perseguirían.
Así pues, el celo apostólico y la instrucción clara a los primeros cristianos judíos era de "no escandalizar" a los judíos, y que esa libertad no fuese un tropezadero para su entendimiento y aceptación del evangelio. Un celo que se expresa en las palabras del apóstol Pablo de una forma dramática en Romanos 9:1-5. Era la misma cuestión de evitar escandalizar que motivó el que no se comiesen alimentos que habían sido ofrecidos a los ídolos (comparar Hechos 15:29 con 1 Corintios 10:27-32).
(5) Se refiere el comentarista a la traducción al griego de la Septuaginta (LXX), es decir, lo que entendían los rabinos de la construcción hebrea para trasladarla al griego.
(6) El sábado que pretenden cumplir los adventistas es tan falso como el que pretendían cumplir los fariseos. Estos como aquellos se han hecho de un sábado a la medida de sus usos y costumbres, pero no en fidelidad a los preceptos del sábado instituídos en la ley. Según aquellos, (Éxodo 26:29), nadie podía moverse de donde estaba, ni salir de casa. Tampoco podían recoger leña para encender la lumbre (Números 15:32-36). ¡Ah! La modernidad ha venido en ayuda del bienestar del adventista. Ahora ya no necesitamos recoger leña para el fuego, encendemos la cocina eléctrica, o abrimos la espita del gas, aunque para disponer de esos servicios, unos no adventistas del "séptimo día" obviamente "pequen y se pierdan" (de acuerdo con su particular teología) por mantener la red eléctrica y la distribución del gas en servicio.
Y ahora la misma pregunta de Jesús. ¿Y si un hijo de un adventista se cae a un pozo en sábado, esperarán al domingo para rescatarlo? ¿Y si un adventista tiene un accidente de tráfico que necesite una operación? ¿Se quedará en la carretera tirado hasta el domingo? ¿Impedirán que un perdido - que no guarda el sábado - lo intervenga quirúrgicamente rodeados de otros perdidos, como anestesistas, auxiliares, enfermeras, le practiquen la medicina necesaria en sábado?
La cuestión del sábado como toda la ley es parte de un mismo conjunto: El Viejo Pacto y el Nuevo Pacto. La ley y la Gracia. En el Viejo Pacto, el judío necesitaba trabajar seis días para descansar en el séptimo. En el Nuevo Pacto, el cristiano descansa primero en Cristo, en el primer día de la semana, para obrar depués. En este símbolo, el sábado, entendemos el descanso como un estado en el que a través del Pacto de la Ley, si se cumplía se obtenía la bendición. En la gracia, nacemos de nuevo, sin obras, por la gracia y la misericordia de Dios, y luego obramos, porque somos hijos de Dios. Por eso la iglesia de Cristo se reunía en el primer día de la semana. Nuevo Testamento, Nuevo Pacto, Nuevo día como figura de la Nueva Dispensación de la Gracia sin las obras de la ley.
(7) Y si su salvación depende del cumplimiento de una ley que no cumple, porque al ofender un punto es culpable de todos, luego está perdido, y de nada le vale el sacrificio de Cristo. "De Cristo os desligásteis los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído" (Gálatas 5:4).